La transición energética, la industria farmacéutica y el aumento del gasto en defensa abren nuevas vías de crecimiento para el sector en España
Los sectores que dan una nueva oportunidad a la industria española
La transición energética, la industria farmacéutica y el aumento del gasto en defensa abren nuevas vías de crecimiento para el sector en España
Durante décadas, la industria española ha ido perdiendo protagonismo dentro de la economía. Sin embargo, esa tendencia parece haber entrado en una nueva fase. Aunque el sector está lejos del peso que alcanzó en las décadas de 1970 y 1980, la industria ha logrado estabilizar su presencia en la economía y cuenta ahora con varios motores para crecer.
La transición energética, el buen comportamiento de sectores como el farmacéutico y las nuevas necesidades derivadas del aumento del gasto en defensa en Europa abren oportunidades para el tejido industrial español, según el análisis de varios expertos.
Actualmente, la industria en sentido amplio representa alrededor del 16% del valor añadido bruto de España. La cifra queda lejos del máximo alcanzado en torno a 1980, cuando rozó el 23%, pero los expertos advierten de que esta pérdida de peso no significa necesariamente que la producción industrial haya desaparecido.
La explicación está, en buena medida, en el crecimiento de los servicios. Entre 1975 y 2023, la industria española aumentó su producción a un ritmo medio anual del 1,17%, mientras que los servicios crecieron un 2,65%. Es decir, la industria ha seguido creciendo, pero mucho más despacio que el resto de la economía.
España aguanta mejor que Alemania
Uno de los datos que refleja la actual posición de la industria española es su evolución frente a algunas de las grandes economías europeas. Entre el último trimestre de 2019 y el segundo de 2025, el valor añadido de la industria manufacturera española creció un 9,4%, mientras que en Alemania se redujo un 3,2%.
Esta diferencia tiene varias explicaciones. Una de ellas es la energía. España ha tenido una menor exposición al gas ruso y cuenta con un importante peso de las energías renovables, especialmente la solar y la eólica. Desde 2023, el precio de la electricidad para determinados consumidores industriales españoles se ha situado por debajo de la media de la eurozona.
Este escenario puede convertirse en una ventaja para atraer nuevos proyectos industriales y consolidar actividades vinculadas a la transición energética. El desarrollo de las renovables también ha impulsado a empresas españolas relacionadas con tecnologías como los aerogeneradores o los motores eléctricos.
A ello se suma el mejor comportamiento de las actividades con mayor valor añadido. La producción de la industria farmacéutica española, por ejemplo, se sitúa un 36,3% por encima de los niveles de 2019, mientras que la química ha logrado mantenerse en terreno positivo frente a las dificultades registradas en otras grandes economías europeas.
Defensa y tecnología, otra ventana de crecimiento
El incremento del gasto en defensa en España y en el conjunto de la Unión Europea abre también una nueva vía para determinadas empresas. No se trata únicamente de compañías dedicadas directamente al ámbito militar, sino de sectores relacionados con la digitalización, los vehículos de transporte, la industria química o las tecnologías estratégicas.
Sin embargo, el sector todavía arrastra problemas estructurales. Uno de los principales es el tamaño de las empresas. El 99,4% del tejido industrial está formado por pymes y, dentro de ellas, una amplia mayoría son microempresas. Esta fragmentación dificulta la inversión, la expansión internacional y la incorporación de nuevas tecnologías.
También preocupa la evolución más reciente de algunos indicadores. La cifra de negocio industrial cayó un 0,8% en 2024, mientras que el número de empresas descendió un 1,75%. Además, el clima industrial cerró 2025 en terreno negativo y acumuló 42 meses consecutivos con saldo desfavorable.
El cuello de botella de la red eléctrica
Los expertos señalan, además, un obstáculo que puede limitar la llegada de nuevas inversiones: la capacidad de la red eléctrica. El crecimiento de la generación renovable ha mejorado la posición energética de España, pero disponer de electricidad competitiva no es suficiente si las nuevas fábricas o proyectos industriales no pueden acceder a un punto de conexión.
La falta de profesionales técnicos es otro de los desafíos pendientes. A ello se añade una cuestión normativa: la actual legislación industrial española tiene su origen en 1992 y no ha experimentado una reforma profunda en más de tres décadas.
La futura Ley de Industria y Autonomía Estratégica, enviada a las Cortes a finales de 2024, continúa pendiente de tramitación parlamentaria. Su aprobación es considerada clave para adaptar el marco legal a una industria que busca aprovechar una oportunidad poco habitual: recuperar terreno en una Europa que vuelve a mirar a las fábricas, la energía y la autonomía estratégica como piezas esenciales de su economía.
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