El mítico ilusionista madrileño ha fallecido a los 83 años tras una vida dedicada a la cartomagia, la televisión y la formación de nuevas generaciones
Muere Juan Tamariz, el hombre que hizo magia con una baraja y con su carisma convirtió el asombro en un arte
El mítico ilusionista madrileño ha fallecido a los 83 años tras una vida dedicada a la cartomagia, la televisión y la formación de nuevas generaciones
Durante décadas consiguió algo que parece sencillo y, sin embargo, está al alcance de muy pocos: hacer que millones de personas volvieran a sentirse niños delante de una baraja. Juan Tamariz, uno de los ilusionistas españoles más reconocidos internacionalmente, ha fallecido este martes a los 83 años en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid. La noticia ha sido comunicada por su hija, la también ilusionista Ana Tamariz.
Con su melena rizada, su particular forma de vestir, su inseparable baraja y un sentido del humor que rompía con la imagen clásica del mago de escenario, Tamariz convirtió la magia en un espectáculo cercano. Pero detrás de aquel personaje aparentemente desordenado había uno de los grandes especialistas y estudiosos de la cartomagia.
Su trayectoria comenzó mucho antes de que la televisión española lo convirtiera en un rostro popular. El propio Tamariz contaba que su fascinación por la magia nació cuando tenía apenas cuatro o cinco años, después de asistir a una actuación. Desde entonces, los juegos de magia fueron ocupando cada vez más espacio en su vida hasta convertirse en una pasión que acabaría marcando toda su carrera.
Tamariz llegó a estudiar Ciencias Físicas, aunque nunca llegó a terminar la carrera. También pasó por la Escuela Oficial de Cine, interesado inicialmente por el mundo cinematográfico. De hecho, realizó cortometrajes y llegó a coincidir con nombres que posteriormente tendrían una destacada trayectoria en el cine español. Pero la magia terminó ganando la partida.
Con 18 años consiguió ingresar en la Sociedad Española de Ilusionismo después de haber intentado hacerlo anteriormente sin cumplir todavía la edad requerida. Para entonces ya había estudiado numerosos libros especializados y acumulaba experiencia actuando ante público.
Su gran salto internacional llegó en 1973, cuando ganó el primer premio mundial de cartomagia en el Congreso Mundial de Magia celebrado en París. Aquel reconocimiento confirmó que el madrileño no era únicamente un artista televisivo: estaba llamado a convertirse en una referencia para los propios profesionales del ilusionismo.
El mago que entró en los hogares españoles
Para buena parte del público, sin embargo, Juan Tamariz siempre estará ligado a la televisión. Su popularidad se disparó especialmente gracias a Un, dos, tres... responda otra vez, donde interpretó a Don Estrecho, uno de los Tacañones. A partir de entonces, su rostro, su voz y su peculiar manera de hacer magia quedaron asociados a varias generaciones de espectadores.
Participó en numerosos programas y protagonizó espacios dedicados específicamente al ilusionismo. La televisión hizo reconocible a Tamariz para el gran público, pero fue sobre todo su trabajo fuera de la pequeña pantalla el que cimentó su prestigio entre los magos.
Porque Tamariz no se limitó a hacer trucos. Estudió la magia, escribió sobre ella y enseñó sus conocimientos a otros ilusionistas. Publicó numerosos libros sobre cartomagia, teoría y técnicas del ilusionismo y recorrió diferentes países impartiendo conferencias y compartiendo sus conocimientos. Su influencia llegó así mucho más lejos que sus apariciones televisivas. Numerosos magos de distintas generaciones lo consideraron maestro o referencia, y su hija Ana Tamariz continuó además esa tradición vinculada a la enseñanza de la magia.
El reconocimiento a su trayectoria llegó tanto desde el mundo de la magia como desde las instituciones. En 2011 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, uno de los principales reconocimientos culturales concedidos en España. Ocho años después, en 2019, el Ayuntamiento de Madrid le concedió también la Medalla de Oro de la ciudad.
Su palmarés internacional incluye además importantes reconocimientos de la comunidad mágica, entre ellos el premio mundial de cartomagia conseguido en París y distinciones por su aportación a la teoría y la filosofía del ilusionismo.
Pero probablemente ninguna distinción explica mejor su importancia que la admiración de quienes se dedicaron a su misma profesión. Tamariz consiguió convertirse en maestro de los magos y, al mismo tiempo, en el mago de varias generaciones de espectadores.
Una de las claves para entender su manera de concebir el ilusionismo estaba precisamente en el concepto de asombro. Tamariz defendía que la magia debía provocar esa sensación de sorpresa que lleva al espectador a preguntarse qué acaba de ocurrir. "La magia intenta producir el asombro", explicó en una entrevista, relacionándolo con el principio del conocimiento. Para él, la magia no consistía únicamente en engañar al público, sino en despertar su curiosidad. Esa filosofía ayuda a explicar por qué su figura trascendió el mundo de los trucos de cartas. Tamariz no solo quería que el público no supiera cómo había hecho algo; quería que disfrutara de no saberlo.
El gigante tecnológico llega al juicio en la corte federal en el norte de California después de varias derrotas en los tribunales
Operación Blue Skies probará durante 30 meses en el Atlántico Norte cómo la inteligencia artificial puede evitar estelas de condensación
La empresaria gallega habla en ‘Vogue’ sobre el futuro de Zara, su estrategia de producción y la próxima colaboración con John Galliano








