El aumento de su popularidad como mascota y su valor científico por la epibatidina reavivan el debate sobre el comercio ilegal y la conservación de anfibios
La rana cuya toxina es vinculada al caso Navalni y que impulsa el tráfico de especies exóticas
El aumento de su popularidad como mascota y su valor científico por la epibatidina reavivan el debate sobre el comercio ilegal y la conservación de anfibios
La pequeña rana venenosa cuya toxina fue vinculada al presunto asesinato del opositor ruso Alexéi Navalni es también una especie muy cotizada entre los amantes de las mascotas exóticas, por su reducido tamaño y diversidad de colores, que oscilan entre tonos rojizos, azulados o blancos en función de la ubicación de su hábitat.
Se trata de la Epipedobates anthonyi, un pequeño anfibio venenoso que mide entre 19 y 26,5 milímetros de longitud y se encuentra en el sur de Ecuador y el norte de Perú.
Su toxina, la epibatidina, fue detectada en el cuerpo de Navalni, según afirmaron en febrero de 2026 Reino Unido, Francia, Alemania, Suecia y Países Bajos, una versión que fue rechazada por Rusia.
Esto hizo crecer su popularidad entre los amantes de las mascotas exóticas, una demanda que se convierte en una amenaza para estas especies, que en numerosas ocasiones son víctimas del tráfico ilegal. "Se ha traficado durante muchos años" con ellas y existen especies "amenazadas por la extracción masiva de los bosques", comenta a EFE Andrea Terán, coordinadora del centro de investigación Jambatu, que ha impulsado Wikiri Sapoparque, un espacio de crianza de ranas en Quito.
"Cuando yo saco a la rana del bosque y la llevo a otro ecosistema, puedo propagar enfermedades. Y, lastimosamente, los controles de tráfico de vida silvestre en Ecuador y en países de Latinoamérica son muy débiles", explica Terán, en cuyo centro comenzaron un proyecto de ‘biocomercio’ con el fin de combatir la venta irregular de ranas.
Ecuador cuenta con más de 700 especies, 400 de ellas en peligro de extinción, por lo que, para Terán, se necesita "tener una oferta que le dé realmente contrapeso al tráfico ilegal de especies, porque ya vemos que los controles no funcionan".
Si bien la rana Epipedobates anthonyi no está bajo una amenaza crítica, sus poblaciones han disminuido y su atractivo comercial la mantiene bajo vigilancia, comenta Terán, que aboga por "generar una oferta ética que compita directamente con el mercado ilegal".
Por su parte, la economista y ambientalista Lola Guarderas, que diseñó en 2010 un modelo de comercio legal de anfibios reproducidos en laboratorio con destino a Europa y Estados Unidos, explica que la Epipedobates anthonyi fue de las primeras especies que salieron de Ecuador hacia Europa en los años 50, por lo que "es fácil de reproducir".
Hasta marzo de 2026 se vendieron 670 ejemplares de este curioso anfibio, aunque la que ocupa el top de ventas es la Oophaga sylvatica, con hasta 1.678 ranas exportadas desde el inicio de la comercialización.
Ese interés comercial convive con el valor científico que la especie ha despertado durante décadas. La epibatidina, presente en su piel, fue estudiada por su potencial como analgésico, hasta 200 veces más potente que la morfina, aunque su desarrollo farmacéutico quedó descartado por su elevada toxicidad para humanos, según explica a EFE el ecólogo Mateo Reyes.
"Una sustancia puede ser medicina o veneno dependiendo de la dosis", continúa Terán, al subrayar que el enfoque de los científicos siempre ha estado en su potencial médico, no en su uso letal.
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